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Blog / ¿Seducir o conquistar? La seducción es al SER lo que la conquista es al TENER
 
El ex candidato a la Gobernación del Tolima por el movimiento político Opción Tolima es el ahora Jefe de Campaña de Sergio Fajardo.
 
Alfredo Sarmiento Narváez fue gerente de la primera campaña del actual presidente Álvaro Uribe, luego gerente de Dansocial, y posteriormente candidato a la Gobernación del Tolima.

Por: Alfredo Sarmiento Narváez
Foto: ViveIbague.com


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14/04/2009

Seduzco a una persona o comunidad cuando construyo, en mi propio ser, una orilla para que esa persona o comunidad pueda ser conmigo en toda la expresión de su unicidad, libertad y dignidad. No hay en la seducción una pretensión de control, ni mucho menos un deseo de invadir las posibilidades de autonomía en ese otro ser personal o comunitario.

Conquisto cuando quiero tener a la otra persona o comunidad, someterla a mi voluntad, controlarla, cuando creo que ese otro en sus posibilidades tiene que agotarse en lo que yo creo necesario y más útil para ese ser. Para el conquistador, el otro no existe en su dignidad, es tan solo un instrumento, una cosa, una pusilanimidad; el conquistador homogeniza.

La seducción es una apelación a la autoridad, mientras que la conquista es una apelación al poder. La seducción invita, persuade, apela a la voluntad, motiva la curiosidad; la conquista ordena, impone, somete, amedrenta, acude al miedo.

La seducción apela a la obediencia como arte consciente de emular a la legítima autoridad. La conquista se conforma con el servilismo acrítico. La seducción asume que el sujeto seducido, en cualquier momento, puede buscar e intentar otro camino. La conquista reduce a uno solo, el camino del sujeto conquistado y ¡…ay…! donde intente otro. La seducción sonríe; la conquista tiene un ceño adusto. La seducción crea, juega; la conquista repite esquemas, reproduce métodos.

Vale esta reflexión para las experiencias más cotidianas de todo ser humano y comunidad: su dimensión erótica, su dimensión política y su dimensión religiosa. En cada una de ellas podemos apostar por la seducción o por la conquista. Si se acude a la seducción, la experiencia erótica, política y religiosa se convierten en oportunidades de liberación. Si se acude a la conquista, esas tres experiencias fácilmente pueden crear formas más o menos sutiles de esclavitud. La seducción no reduce el erotismo a genitalismo, la política a electorerismo, ni la religiosidad a rezanderismo. La conquista es genitalista, electorera y rezandera.

"Lo más contrario al amor es el miedo" y "el verbo más parecido a amar es escuchar". La seducción, porque es experiencia amorosa, escucha. La conquista, porque es una experiencia medrosa y llena de ansiedad, es hablantinosa, bulliciosa, gritona y altanera.

La seducción sabe de ternura y de vigor. La conquista no intenta la ternura porque se siente frágil y confunde el vigor con el atropello.

Llamados a escoger entre seducción y conquista en medio de nuestras experiencias erótico-político-religiosas, que nos permitan ser integrales en el ámbito de nuestras vidas privadas, públicas y cósmicas, es mejor seducir y ser seducido que conquistar y ser conquistado.

alfredo.sarmiento@opciontolima.org